POR UN MUNDO DE IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES

Como mujer que soy, me ha tocado vivir desde la perspectiva femenina en este mundo de hombres y he podido y puedo ver a muchas mujeres de mi alrededor y también experimentar yo misma las secuelas que deja una sociedad patriarcal como la nuestra.

No tengo la intención de criticar al mundo, ni a nuestro país, ni a los hombres en sí, simplemente esta es mi forma de aportar una semilla para este mundo en el que aún queda mucho por andar en el terreno de la igualdad entre hombres y mujeres.

Invisibilidad, falta de valor, falta de poder, rechazo, acoso, trato de inferioridad, silenciación, maltrato, violación, humillación, desprestigio… son demasiadas palabras desagradables las que marcan la vida de una mujer en los diferentes ámbitos en los que se desarrolla su vida y la de las mujeres de su alrededor, eso sin ni siquiera ser un caso importante o mediático, simplemente porque sí, porque nos ha tocado.

Y desgraciadamente durante siglos hemos acatado lo que nos había tocado vivir, sin rechistar, y lo peor de todo es que aún, después de tantos años de lucha, de tantas mujeres que alzan la voz y trabajan por y para las mujeres, existen muchas mujeres que no se dan cuenta de esta desigualdad, incluso en el día a día, a veces no sabemos reconocer las señales.

Muy a mi pesar, por mi consulta pasan muchas mujeres con la autoestima muy baja, derrotadas de luchar, de trabajar, de vivir para otros, de dejar que en su vida el centro de atención sean sus hijos, su familia, olvidándose de su vida, olvidándose de su propia identidad. ¿Y qué es lo que siempre intento hacer para ayudarles? Empoderarlas. Dejar que tomen el mando de sus vidas y ayudarles a sentirse fuertes, a recuperar su identidad, su autonomía.

Para todas esas mujeres que se sienten débiles, que necesiten fortalecerse, la propuesta es la siguiente:

  1. Utiliza un lenguaje positivo y cariñoso contigo misma.

El lenguaje que utilizamos y que escuchamos influye mucho en nuestro estado de ánimo, en nuestras emociones, en nuestra actitud ante la vida. Como no puedes cambiar lo que te dice la gente de tu alrededor, trata de que el tuyo sea agradable, cariñoso y positivo.

Una forma de ayudarte, es colocar por toda tu casa mensajes positivos, que te haga sentir bien. La lectura es automática, así que no podrás evitar leerlos cada vez que pases por delante de alguno de esos mensajes y eso te ayudará a sentirte a gusto.

  1. Toma consciencia de tus necesidades y dedícate a satisfacerlas.

Satisfacer nuestras necesidades es la clave para vivir tranquilo y en paz, sin frustraciones, ni sentimientos negativos. Dedica, aunque sean 10 minutos de tu día, a pensar qué necesitas, que te apetece hacer y actúa. Cuando uno satisface sus necesidades todo fluye mucho mejor.

  1. Dedícate tiempo a ti, a hacer aquellas cosas que te gusten.

El tiempo es muy valioso, no lo desaproveches invirtiéndolo sólo en cumplir con tus obligaciones. Deja una parte de tu día sólo para ti. A veces no hacen falta grandes cosas, o mucho tiempo, simplemente tomarte un café mientras disfrutas del silencio puede ser una experiencia que te recargue las pilas.

  1. Haz ejercicio.

El deporte y las actividades físicas en general nos ayudan a mantenernos con un buen estado de ánimo. Cuanto mejor nos sintamos, más fuerza tendremos para conseguir aquello que nos propongamos. Piensa que la fortaleza nos ayuda en muchos momentos a ponernos en nuestro sitio y un gran aliado para conseguirlo puede ser el deporte.

  1. Pon límites a la gente. Aprende a decir “No”

Tu sabes tan bien como yo que hay muchas tareas de las que te encargas que no te apetece hacer  y que supone que en tu día a día te sientas sobrecargada y cansada. Además, cada vez que aceptas quitarle responsabilidades a las personas de tu alrededor no les dejas aprender a sacarse las castañas del fuego.

Por otro lado, en la vida todos necesitamos tener ciertos límites, cumplir ciertas normas para que el mundo esté en equilibrio. Pues con las personas pasa lo mismo, necesitamos que nos digan hasta dónde podemos llegar para que todo suceda de forma equilibrada, por eso empieza a delegar y a coger menos responsabilidades que no te correspondan.

María Mascareña