TE LO MERECES TODO

Mereces elegir la vida que tú quieras vivir, decidir por ti mismo el camino que deseas tomar, los pasos que quieres dar, las metas a la que quieres llegar. Mereces que te respeten, aunque los demás no estén de acuerdo con tu forma de vivir, aunque no les agrade tu aspecto, tus gestos, tu forma de hablar… Aunque tu espontaneidad les abrume, aunque tu sonrisa les haga sentir inferiores, incómodos o molestos.

Mereces poder diferenciarte de los demás, ser tú mismo, con tus particularidades y excentricidades, renunciando a ser un borrego más de este mundo que tiende a repetir las modas y patrones de otros.

Mereces ser libre y espontáneo, sentir que está en tu mano vestir como te apetezca, de llevar ropa nueva o usada, de pintarte o dejar ver tus ojeras, de enseñar escote o llevar burka, de repeinarte o parecer desaliñado. Poder elegir aquello que más te guste, aunque sea demasiado color para el invierno, aunque sea caluroso siendo verano. Poder decidir por ti mismo qué estilo prefieres llevar, con qué te sientes realmente cómodo y qué es lo que refleja tu identidad.

Mereces sentirte a gusto con tu cuerpo, con sus formas y dimensiones, con sus bellos detalles y sus cicatrices, aceptando las marcas del paso del tiempo, disfrutando de tu madurez. Mereces ser capaz de aceptar cómo se transforma, sin la necesidad de provocarle cambios prefijados por esta sociedad de moda y enferma de aprobación, poder mimarlo y cuidarlo de todo aquello que pueda hacerlo enfermar. Mereces conocerlo en su totalidad sin miedo, sin juicios, sin deseos de dañarlo cual asesino en serie con ganas de venganza.

Mereces cuidar tu aspecto para sentirte sano, para sentirte bien, independientemente de lo que el mundo piense, critique o espere de ti. Mereces mirarte al espejo para “verte”, siendo consciente y aceptando a la persona que ves frente a ti, que no es quien eras en otros tiempos, ni quien podría ser si hicieras esto o aquello, simplemente tú, en el presente, aquí y ahora.

Mereces conocer aquello que no es sano para ti, comprender que hay hábitos y sustancias que no debes incorporar a tu día a día. Mereces una educación donde te informen y expliquen sobre lo que te pueda dañar y saber bien lo que te pueda herir física o emocionalmente. Mereces conocer qué consecuencias pueden ocurrir con ciertos hábitos que compliquen tu estado de salud. Mereces ser capaz de comprenderlo todo, porque sólo así sabrás las necesidades que tiene tu cuerpo y el cuidado que requiere, porque sólo así entenderás lo importante que es tu cuerpo en tu vida.

Mereces cuidarte y respetarte, ser la persona más importante de tu universo, porque nadie mejor que tú podrá ponerte en el lugar que te corresponde. Mereces quererte sin condiciones, aceptar tus diferentes caras, asumiendo que cada una de ellas forma parte de ti.

Mereces ser valiente y fiel a ti mismo y comprender que el egoísmo no es más que mirar por uno mismo, y que es sano priorizar tus necesidades por encima de las necesidades de los demás. Mereces bridarte un amor sano, que te ayude a propiciar tu crecimiento personal, que te impulse a ser autónomo, independiente y autosuficiente. No para alejarte de los demás, sino para acercarte a ti mismo.

Mereces poder sentir con libertad, no tener que controlar cuando quieres llorar porque hay personas delante, no tener que fingir que estás bien cuando estás roto por dentro, no tener que aguantar consejo tras consejo cuando en realidad lo que necesitas es estar sólo. Mereces darte cuenta de que dentro de ti hay un instinto que te ayuda a salir a flote y que, si no lo encuentras, hay quienes pueden brindarte su ayuda. Mereces estar tranquilo y aceptar lo que venga, comprender que habrá altos y bajos en tu vida, que no siempre verás la parte agradable y que te encontrarás algún revés de vez en cuando. Mereces vivir todas las experiencias que aparezcan en tu camino, sentirlas con libertad y aprender de ellas.

Mereces crear tu propio criterio, siempre teniendo en cuenta tu salud y bienestar, ser dueño de tus pensamientos y leal a tus opiniones, más allá de lo que piensen los demás. No con la cabezonería de poner barreras a tu tolerancia o por dejar de escuchar a quien hay a tu alrededor, sino con el objetivo de filtrar y poner límites a aquellos que quieran convencerte con autoritarismo o chantaje.

Mereces saber discriminar entre aquello que te nutre, te ayuda a crecer y a quererte, que puede suponer un aprendizaje para ti y los pensamientos nocivos, que nacen de sentimientos de miedo o desconfianza que puedan sembrar en ti algo que te haga daño. Mereces ser coherente entre lo que piensas, sientes y haces, evitando así la culpa que nace si todos los ingredientes no están equilibrados y buscando, al fin y al cabo, tener una vida sana, plena y feliz.

Mereces que te acepten, por ser tal y como eres, pero para lograrlo quien debes conseguir que te acepte primero eres tú mismo. Mereces ser capaz de darte cuenta de quién te quiere, comprende y apoya simplemente por tu forma de ser, de pensar y comportarte, más allá de su aprobación. Porque la aprobación no es lo mismo que el amor, porque la aceptación no es lo mismo que el agrado, porque cuando eliges rodearte de gente que te brinda su amor es más fácil sentir la confianza de mostrar quién eres en tu totalidad, dejando a un lado el daño que te puedas hacer a ti mismo como consecuencia de buscar la palmadita en la espalda.

Mereces ser quien eres independientemente de lo que a los demás les guste o de lo que les interesaría ver en ti. Mereces ser la persona que realmente eres, con tus ideas, con tu forma de sentir, con todo lo que forma parte de tu identidad, con todos los rasgos que te caracterizan, sin miedos, sin tapujos, sin depender de que los demás te admiren o aprueben. Simplemente tú, libre y espontáneo, con tus luces y tus sombras, tus virtudes y defectos.

Al natural, tal cual eres, sólo tú.

 

María Mascareña