Criticar, el “deporte nacional”.

¿Qué hay detrás de nuestros juicios?

“Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro”. Esta popular frase, quiere decir que cuando criticamos algo de los demás, hablamos de nosotros mismos.

“¿Te has fijado en que la madre de Miguel está siempre enfadada?”, “Hay que ver lo sucia que está la casa de mi cuñado, es más dejado…”, “Y ¿Te has dado cuenta de que cada día la niña de Lola va más desaliñada a colegio?”

Ésta podría ser una conversación de cualquiera de nosotros en un rato de tertulia, charla o encuentro con cualquier grupo de amigos. Es algo muy usual entre las personas, el comentar sobre la forma de ser, de vestir, de pensar, de comportarse, de vivir… de los demás. Sin embargo, no es habitual que ninguno de nosotros nos paremos a reflexionar sobre el motivo por el cual lo hacemos.

Los psicólogos entendemos que existen diferentes mecanismos de defensa que tenemos las personas para protegernos, y uno de ellos tiene que ver con todo esto. Hablamos de la proyección.

La proyección no es más que atribuir al otro algo nuestro, es adjudicarle algún sentimiento, pensamiento o rasgo que nos pertenece a nosotros y que, en muchos de los casos, no somos capaces o no estamos preparados para darnos cuenta de que forma parte de nosotros.

No será la primera vez que te molestas porque piensas que algún familiar es muy cabezota contigo (cuando en realidad la cabezonería es un rasgo que te caracteriza incluso más a ti que a él), o puede que hayas escuchado a algún amigo cómo se envalentonaba a criticar a alguien por hacer algo que él mismo no para de hacer.

El que proyecta, rechaza algunos aspectos de sí mismo y se los atribuye a otra persona. Lo que una persona critica de otra siempre tiene que ver con el que juzga. Puede ser que la crítica tenga que ver con algo que le gustaría hacer pero que no se permite, o bien que esté relacionado con algún rasgo de su personalidad que no le agrada en absoluto.

Por ejemplo, si alguien rechaza de otra persona sus enfados extremos, es más que probable que esa rabia no la reconozca como suya, porque no la quiere o no la sabe expresar, o también porque no le gusta de él mismo su propia ira incontrolable o la sumisión de la que no sabe salir. Al criticar, a veces tendrá razón, pero la mayor parte del tiempo estará pasando su opinión por el filtro de la propia experiencia y cometerá graves errores juzgando a los otros. Además, se sentirá impotente para cambiar la situación, ya que la culpa siempre será externa.

Por eso, cuando te des cuenta de que empiezas a criticar, te propongo que te pares a pensar en lo que hay detrás de tus comentarios. Porque al final, todo lo que sale por tu boca forma parte de ti mismo.

 

María Mascareña