La depresión, junto con la ansiedad, es uno de los problemas psicológicos más extendidos entre las personas. Sin embargo, son muchas las veces que las personas nos hablan de depresión para referirse sencillamente al estado de ánimo que tienen cuando tienen un mal día.

¿Alguna vez te has pasado el día llorando? ¿Has sentido apatía, lentitud en tu movimiento o insomnio? ¿Te has sentido descentrado, inútil o una carga para los demás? Probablemente hayas tenido todas estas sensaciones, a veces por separado, pero en otras ocasiones todas a la vez, sin embargo, esto no significa que hayas padecido una depresión.

Sufrir una depresión es algo más allá de estar triste o amargado. Sufrir una depresión es algo muy desagradable, sobre todo en el caso de sentirla de forma continuada durante meses o años.

Quizás lo que llamas depresión es una mala racha en la que parece que no avanzas, quizás se parece a la sensación de cuando pierdes a alguien a quien quieres y tu vida se derrumba o a cuando te sumerges tanto en el trabajo que el estrés te impide pensar con claridad. Quizás sólo tienes algunos síntomas que te impiden vivir tu vida con normalidad y, por el vocabulario coloquial, has pensado que padecías este trastorno tan angustiante.

¿Quieres saber qué entendemos los psicólogos por depresión?

 Según el DSM (Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales), para tener un episodio depresivo mayor debemos presentar al menos 5 de los siguientes síntomas durante al menos 2 semanas, y obligatoriamente uno de los dos primeros:

  1. Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día (tristeza, llanto…) En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable.
  2. Disminución acusada del interés o de la capacidad para disfrutar en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día.
  3. Pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso o pérdida o aumento del apetito casi cada día. Nota: En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables.
  4. Insomnio o hipersomnia casi cada día.
  5. Agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día.
  6. Fatiga o pérdida de energía casi cada día.
  7. Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados casi cada día
  8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día.
  9. Pensamientos recurrentes de muerte ideación suicida recurrente sin un plan específico o intento de suicidio o un plan específico para suicidarse.

Además, estos síntomas deben suponer un cambio en la actividad normal de la persona y no ser debidos a ninguna enfermedad, consumo de sustancias, proceso de duelo, delirio o alucinaciones y provocar un malestar significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad de la persona.

Como verás hay muchos condicionantes para que ocurra una depresión, no es tan sencillo como parece, aunque en el caso de su aparición en nuestra vida o la de personas de nuestro alrededor no debemos dejarla pasar.

Si crees que puedes cumplir algunos o todos los requisitos explicados, sería conveniente que buscaras a un psicólogo que te ayude en este camino.

Desde kambalaya (en Huelva) podemos orientarte para ponerle remedio cuanto antes, pues si te abandonas, el tiempo puede ser un gran enemigo.