Bases para una Familia Unida

Son muchos padres que acuden a nuestro centro con grandes dudas sobre la educación de sus hijos, y es que la idea de crear una familia es un proyecto de lo más complejo porque nadie nos ha enseñado cómo debemos hacerlo y, aunque tengamos pensamientos sobre cómo nos gustaría que fuera, el día a día nos trae numerosos problemas, impedimentos o distracciones que pueden hacer que nos desviemos del camino que nos gustaría seguir.

Ser padres no es una tarea fácil, todos tenemos nuestras cosas, pero para ayudarte aquí te muestro algunas pautas que pueden ayudarte a conseguir esa familia unida y feliz que te gustaría tener.

1. Buena comunicación

Mantener una comunicación fluida es muy importante para entenderse, para mantenerse cerca. Esta comunicación no sólo implica lanzar nuestros propios mensajes o compartir lo que nos ocurre, esta comunicación comienza por lo que llamamos escucha activa.

La escucha activa no es más que estar ahí, escuchando con atención lo que dice la otra persona. Escuchar es una tarea que cuesta un esfuerzo, que supone dejar a un lado tus pensamientos para acoger y concentrarte en el otro. Escuchar es mirar al otro y no distraerte con lo que le quieres contestar, escuchar es estar presente en el momento.

Todos sabemos cuando un miembro de la familia no nos está haciendo ni caso. Nos damos cuenta perfectamente de que la persona no está atenta, de que lo que decimos no es importante para ella y cuando eso ocurre nos sentimos ignorados, rabiosos,… la falta de atención y escucha hace que la próxima vez no quiera contar nada o que no quiera escuchar al otro, provoca lejanía y distancia.

2. Respeto

El respeto entre los miembros de una familia comienza a formarse desde el momento en el que se juntan las dos primeras personas, en algunos casos la pareja, en otros el padre o madre con el primer hijo.

Comenzar a vivir desde el respeto desde el principio es fundamental para mantener un equilibrio en la familia, y sobre todo es crucial que el respeto comience desde los padres, ya que los hijos aprenden por imitación y si son los padres los primeros en perder el respeto la polémica está servida

3. Normas

En todas las familias debe haber ciertas normas establecidas para garantizar dónde están los límites del comportamiento de cada uno de los miembros. Cuando hablo de normas no hablo de algo impuesto desde los padres hacia los hijos. Cuando hablo de normas me refiero a pautas que se deciden entre todos y para todos. Las normas no son órdenes, ni tratan de imponer autoridad, las normas deben crearse como un acuerdo para que todos los miembros de la familia sean tenidos en cuenta.

4. Confianza

La confianza es algo fundamental entre las personas. Si uno no confía en los demás tratará de alejarse en vez de acercase, actuará desde el miedo y no desde el amor, que es de lo que se trata.

La confianza debe estar presente en todos los resquicios de la familia. Si queremos que nuestros hijos confíen en nosotros, debemos demostrar confianza en los demás, debemos confiar en ellos. Si esta relación de confianza se afianza, nos será más fácil que nuestros hijos cuenten con nosotros para contarnos sus preocupaciones, compartir sus miedos, expresar sus emociones al fin y al cabo. Y esta posibilidad de acercamiento emocional es la base para crear vínculos sanos y amorosos.

5. Repartir obligaciones

En todas las familias existen tareas que llevar a cabo a lo largo del día, tales como limpiar, fregar los platos, bajar la basura, planchar, hacer la compra… Tradicionalmente han sido las madres (aunque cada vez en mayor medida los padres) las que se han hecho cargo de dichas tareas, incluso compaginándolo con su jornada laboral fuera de casa. Esta sobrecarga de tareas para unos y el exceso de tiempo libre para otros genera una descompensación en la familia.

Por un lado existen madres o padres estresados y frustrados, que no paran nunca,  que no tienen tiempo ni para sí mismos ni para compartir con su familias. Por el otro existen niños sin responsabilidades, con exceso de actividades extraescolares (muchas veces provocadas por la necesidad de tenerlos distraídos y aprovechar ese tiempo para realizar otras tareas)…

¿Y si esas tareas, esas responsabilidades estuvieran más repartidas? Probablemente la cosa sería diferente, es más, si algunas de esas tareas fueran compartidas, podría servirles como espacio de encuentro con sus padres. De esta forma conseguiríamos un doble objetivo, compartir obligaciones y pasar tiempo juntos.

6. Compartir emociones

Son muchos los padres que nos consultan preocupados porque sus hijos son muy reservados y no hablan con ellos. Esto tiene que ver no sólo con el carácter del niño sino también con lo que observa, con su entorno más cercano.

Habitualmente nos encontramos familias que tratan de esconder sus miedos, agobios, llantos a sus hijos. Padres que piensan que evitándoles verles sentir están evitándoles el sufrimiento, el dolor. Sin embargo, está haciendo algo mucho más profundo, está transmitiéndoles que no es bueno mostrar las emociones, que no deben preocupar a los demás, que eso es algo de lo que no se habla.

Desde kambalaya siempre partimos de la misma premisa: Si queremos que nuestros hijos compartan sus emociones deberemos hacerlo primero nosotros.

7. Agradecimiento

Fomentar el agradecimiento es una de las claves en cualquier relación. Cuando uno agradece está expresando algo agradable hacia otra persona, está propiciando el acercamiento.

A todos nos gusta que nos agradezcan nuestros actos, actitudes, forma de ser… es algo que nos provoca alegría, que nos hace sonreír, que nos invita a continuar haciéndolo de la misma forma, que nos motiva a seguir por el mismo camino, a mejorar. Si todos los días agradeciéramos algo a nuestros hijos, a nuestra pareja, a nuestra familia en general, todos nos quedaríamos con buen sabor de boca, nos sentiríamos motivados, contentos, felices.

8. Tiempo juntos

El tiempo es algo con lo que nos peleamos a diario, las agujas del reloj se mueven demasiado rápido y no nos permite hacer todas las cosas que nos gustaría. Sin embargo, es la mejor medicina para la familia. Pasar tiempo juntos, es fundamental para conocerse, comunicarse, sentirse, para estar unidos.

A veces es difícil de cuadrarlo, pero es cuestión de pensarlo. A la hora de la comida, durante la cena, antes de dormir, en la ducha… cada familia tiene sus trucos, es cuestión de encontrarlo y disfrutarlo juntos.

Como podrás ver, tampoco es tan difícil, simplemente supone responsabilidad  y constancia, y si le agregas un poco de creatividad todo será mucho más fácil.

Ahora… ¡Manos a la obra!

María Mascareña