Inseguros, confusos, perdidos… Así se sienten los adolescentes. Esas personas que hasta hace muy poquito eran niños pequeños y andaban bajo el ala de sus padres y que ahora, de repente, se han convertido en seres independientes, con sus propias ideas y pensamientos.

Para muchos padres esta etapa de la vida de sus hijos supone un cambio tan grande que se sienten totalmente perdidos y es de esperar que no tengan claro cómo deben actuar ante tal cantidad de cambios que aparecen en la vida personal y familiar.

Ser padre es un reto, quizás el mayor reto que puede aparecer en la vida de una persona. Ser padre implica enseñar y aprender, supone pensar bien en cómo adentrarse en el mundo de su hijo y aprender a mirar desde sus ojos, sabiendo que todo lo que él mismo vivió en su época no tendrá nada que ver con lo que su hijo está viviendo ahora.

Sin embargo, casi sin pensarlo la mayoría acepta el reto. Acepta dedicar su vida a otra persona a la que verá crecer, a la que enseñará todo cuanto sepa y que sin duda le dará muchísimos disgustos pero también muchísimas alegrías.

Cuando esa personita se convierte en adolescente llegan la mayoría de las dificultades. En ese momento es cuando aparecen la mayor parte de los cambios y es cuando toda la familia comienza a alterarse y a mostrar sus miedos. Y cuando llega ese momento, ¿que hacemos? ¿Cómo actuamos para que sientan que estamos ahí apoyándoles sin agobiarles? Algunas de las pautas más importantes que podríamos seguir son escuchar, ser coherentes y permitir que sean los protagonistas de sus vidas.

Escuchar es mucho más que oír el sonido de la voz de nuestro hijo. Escuchar supone un esfuerzo, una dedicación, una expresión de entendimiento, una postura de cercanía. Escuchar implica dejar a un lado lo que estaba haciendo, pararme y prestar atención al mensaje. Escuchar es mirar atentamente a su rostro, fijarme en lo que dice y en lo que muestra su cuerpo, sin interpretar. Escuchar es acercarme y mostrar interés.

Si entendemos que escuchar abarca todas estas conductas, está claro que es un gran esfuerzo, un esfuerzo que se verá recompensado, ya que cuando un hijo percibe que lo que tiene que aportar es importante probablemente volverá a expresar sus miedos y preocupaciones en futuras ocasiones. En cambio, si lo que percibe es una falta de atención o entendimiento o una mala reacción probablemente evitará volver a hacerlo.

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Por otro lado, es muy importante ser coherente con nuestros pensamientos y valores en la vida, ya que si expresamos verbalmente algo distinto de lo que hacemos mostraremos a nuestros hijos un doble mensaje. Cuando mandamos a nuestros hijos mensajes contradictorios provocamos una gran confusión en ellos y lo más probable es que ellos terminen escogiendo el mensaje que les da nuestra conducta y no el que sale por la boca. Los hijos tienden a imitar a los padres.

Finalmente, en Kambalaya creemos que es muy importante dar confianza y libertad a nuestros hijos, permitiéndoles ser los protagonistas de sus propias vidas. Con esto no pretendemos decir que les dejemos a su aire y permitamos todo. Con esto queremos expresar la necesidad de que nuestros hijos puedan decidir, en la medida de sus posibilidades, de que se les permita vivir y equivocarse, ya que es la única forma de que aprendan de la vida.

Desde Kambalaya os ofrecemos la oportunidad de mejorar los vínculos afectivos entre todos los miembros de vuestra familia, trabajando codo a codo con vosotros para echaros una mano en la educación de vuestros hijos, ayudándoos a crear cada día y poco a poco un lenguaje común, basado en la empatía, el contacto, el agradecimiento…

Educar es una tarea muy difícil, ya que nuestros hijos no nacen con un libro de instrucciones bajo el brazo, pero si nos esforzamos cada día no caerá en saco roto. Todo lo que hacemos queda grabado en algún lugar de la cabecita de nuestros hijos, y probablemente saldrá en algún momento. Mientras tanto, tengamos paciencia.